23.1.09

La búsqueda

Fotografía de Carlos Bentabol

Muchas veces había pensado qué pedirle al mundo que pudiera hacerle feliz. Al fin y al cabo, el mundo, la vida, estaban ahí para ofrecerle algo que justificara su estancia en él, su vivir cotidiano, si no ya me dirán qué carajos hago yo aquí, se decía. Tenía una visión del mundo un poco utilitarista, pragmática y consideraba la eficacia como algo fundamental: yo he nacido para algo y si no es así, no estaría de más largarse a la nada de donde vine, decía.

Reflexiones como ésta eran habituales en él; el problema es que esa permanente búsqueda no le traía respuestas, al menos las respuestas que él esperaba. Vivir para trabajar, no, por supuesto. Vivir para enriquecerse, podría ser, pero resultaba tremendamente difícil conseguirlo. Vivir para ayudar a los demás… bueno, eso que cada uno se apañe como pueda, que igual estoy yo de solo y me busco la vida, decía. Vivir para tener hijos.. pues no, mire usted, con un infeliz que se pase el día buscando su destino me parece que hay suficiente, pensaba.

No creía en Dios, porque no entendía que un ser omni-todo tuviera la mala sombra de crear gente para nada, esto de nacer debía ser cosa del azar, porque pensar lo de Dios no era convincente. Debe haber algo más, algo que justifique mi estancia y me provea de lo que le dé sentido a mi vida , se decía una y otra vez.

Un día conoció a alguien. Alguien muy especial, muy diferente, muy distinto de la gente que habitualmente lo rodeaba: amigos (pocos), compañeros (algunos), familia (la justa), gente en general (para él, demasiados). Era una mujer. Algo que se salía de lo normal. Las circunstancias en las que la conoció fueron extrañas, por inesperadas más que por raras. Se trataba de una chica que fue destinada a su empresa en préstamo de otra, para hacer unos trabajos concretos que, una vez acabados, entregaría y volvería al lugar de donde vino.

Su mirada, su sonrisa, su porte, su sencillez y su inteligencia parecía que brillaban más cuando él coincidía con ella ante la máquina de café. Él, descreído, huraño y permanentemente conflictivo se amansaba dulcemente en su presencia. Se ponía nervioso y no articulaba palabra coherente, al menos hasta que ella le daba conversación y entre los dos fluían temas, opiniones, cumplidos y bondades que, poco a poco, fueron calando en su alma despoblada.

Llegó a pensar si ella era lo que estaba buscando, el motivo que justificase su vida en el mundo, su nacimiento y quizá también su muerte. Pensó si la presencia de ella en su vida era lo suficientemente importante como para dejarlo todo –poco tenía- y dedicarse a cuidarla, amarla y vivirla como empezaba a sentir y deseaba.

Pero había muchas y poderosas razones mundanas que impedían su unión con ella: estaba casada, tenía hijos, era más joven, y, además, posiblemente no le amase. Le caía bien, pero amarle, no.

Entonces supo qué es lo que tenía que pedirle a la vida, al mundo, aun a sabiendas de que no se lo darían: le pediría poder estructurar el tiempo y el espacio como él quisiera, colocar los lugares y los días como un puzzle creando la figura necesaria. Creando un cuadro multipiezas donde encajaran él y ella, en el mismo lugar y en el momento adecuado, con edades complementarias. No pedía que ella le amase. Solo pedía poder organizar el mundo en tiempo y lugar para darle la oportunidad a la vida de que ella se enamorase de él.

Nada ni nadie contestó a su llamado. La vida siguió discurriendo como hasta entonces, ofreciendo todas las cortapisas y obstáculos habituales; las conversaciones entre los dos, sin embargo, eran cada vez más dulces, más tiernas, más estimulantes, pero un día… ella acabó su trabajo, lo entregó y se marchó de su lado para siempre.

5 comentarios:

Melba dijo...

.
...o sea, un receso, un paréntesis... y a continuar la ¿búsqueda?, más bien, la espera.

♥♥♥

Carlos Bentabol dijo...

DECIA EL PEQUEÑO SALTAMONTES, CUANDO CRECIÓ, QUE EL JUNCO NO SE PARTÍA, PORQUE ERA FLEXIBLE Y SE ADAPTABA AL RIO QUE LO EMPUJABA.
LA LUCHA ESTERIL, POR ALGO IMPOSIBLE SÓLO TE HARÁ MAS FRÁGIL, PESE A QUE TE CONSIDERES FUERTE, POR ELLO LA VARA QUE NO CEDE, SE PARTE, COMO A ÉL SE LE PARTIERON LOS SUEÑOS Y DESEOS DE UN CAMBIO UTÓPICO.

fonsilleda dijo...

Creo que en esta ocasión, al márgen de decir que me gustó la apuesta, voy a suscribir las palabras del sabio Sr. Bentabol.
Aunque, en el fondo, yo también ame las utopías.
Bicos.

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo con Carlos Bentabol, perseguir una utopia forma parte de una irrealidad. no merece la pena la fragilidad que surge por un nada, inventado quizás por la necesidad de llenar vacios, en cualquier caso solo para crear sueños de humo.
Raquel

Internautilus dijo...

A vuestro pragmatismo solo me queda decir: !Viva la utopía¡ !Seamos realistas, pidamos lo imposible¡