23.12.08

UNA INTERPRETACIÓN DEL ARTE DIGITAL



Salvador Montesa, primero por la izquierda, durante la lectura de su aportación a la mesa redonda sobre Arte Digital.

Como quizá algunos de vosotros sepáis, mi colega Domingo Moreno y yo formamos, desde el años 2000, lo que llamamos Factoría Pláxtica, una agrupación de dos, un tándem, que tiene como interés principal el arte en general y el arte digital en particular.

La suerte y los amigos y, porqué no, el trabajo que hacemos, nos llevó en 2004 exponer nuestra obra en la sede del Instituto Cervantes de Nápoles y en 2005 en la sede que tiene en Sao Paulo, Brasil.

En esa ocasión, se organizó un foro y un debate sobre Arte Digital al que acudieron gente importante relacionada con el tema, desde arquitectos a galeristas.

Uno de los intervinientes fue Salvador Montesa Peydro, profesor de Literatura de la Universidad de Málaga y buen conocedor de arte en general.

El motivo por el que reproduzco hoy aquí su intervención es, más que nada, porque considero, junto a mi compañero Domi, que sus reflexiones son lo más interesante que hemos leído sobre esa faceta del arte y su concepto de lo que es o no es artístico coincide en buena medida con lo que pensamos nosotros.

No os asustéis por el tocho. Resulta ameno y muy ilustrativo.
Espero que lo disfrutéis.






SAO PAULO, 25 DE OCTUBRE DE 2005


ARTE DIGITAL, ARTE DE NUESTRO TIEMPO.
Salvador Montesa

Antes de empezar propiamente con estás pocas ideas que voy a desarrollar ante ustedes, quisiera expresar mi sincero agradecimiento al Instituto Cervantes, y en especial a su director, D. Juan Manuel Casado, por haber invitado a compartir estos momentos con ustedes y con expertos tan entendidos en estos temas del arte como son Bernardo Caro, Carlos Zíbel, Nuria Lluis y Ariel Severino. Espero que mis palabras no desentonen mucho en medio de tan entendidos experto en arte. Muchas gracias, Juan.

Hablar el último tiene la ventaja o los inconvenientes de que quizás alguna de las cosas que yo traía preparadas para decirles hayan sido ya expuestas por lo que me han antecedido en el uso de la palabra. Les pido pues disculpas por las reiteraciones y lo que sí les aseguro es que seré muy breve para dar paso a sus intervenciones y preguntas.

Las ideas que voy a exponer son, más que un conjunto trabado, una serie de sugerencias, a veces algo inconexas pero que nos permitan un debate abierto. Y voluntariamente limito el amplio abanico de consideraciones posibles a aquellas que me parecen relacionadas con la exposición que ahora después vamos a inaugurar.

El tema que centra esta mesa redonda es el arte digital. Pero en la actualidad cuando hablamos de arte digital, quizás por su novedad, quizás por ser un arte todavía descubriéndose a sí
mismo, tenemos tendencia a limitar sus fronteras y sus contenidos.

Un primer problema, y casi afirmaría, el que más ha sido tratado, si no por los artistas, sí por parte de la crítica y por el gran público que se aproxima a las realizaciones digitales, es si realmente pueden considerarse arte. Y eso porque la novedad del medio hace que la mirada desacostumbrada se centre más en los instrumentos empleados que en el producto obtenido. Los aspectos técnicos pueden ayudarnos a delimitar qué es arte digital y qué no es arte digital, pueden ayudarnos a establecer una clasificación, pero nunca deben hacernos perder la perspectiva: en el sintagma “arte digital” lo importante es el sustantivo y no el adjetivo, lo importante es la obra producida, no los caminos que se hayan recorrido para llegar al producto final. Hasta los mismos artistas se sienten en ocasiones en la obligación de justificar su trabajo.

Y el arte (llamémoslo artesanal, tradicional o digital, o clasifiquémoslo por las modas y gustos como realista, impresionista, abstracto, pop, conceptual o minimalista), el arte solo tiene una función: conmover al que se acerca a él, emocionar, deslumbrar afectiva o intelectualmente, descubrir visiones de la realidad o de la fantasía.

Al fin y al cabo la obra artística nos ofrece un modo de entender el mundo, de asimilarlo, de interpretarlo.

Discutir, pues, sobre la validez del medio digital sería como valorar una obra literaria en función de si ha sido escrita a mano, con una máquina de escribir, o si la recibimos impresa, a través de la pantalla del ordenador o por una grabación de audio.

Y esto me lleva a recordar que el concepto de arte digital es mucho más amplio en sus contenidos que la sola representación plástica (aunque esta sea el pretexto que ha servido para que nos reunamos aquí hoy): el cine, la televisión, la fotografía, los videojuegos, la música, las instalaciones interactivas, etc. Basadas en el mundo digital, ofrecen unos enfoques y una estética diferenciada de la del arte tradicional

Se trata de una estética a la medida de nuestros tiempos. La visión que cualquiera de los aquí presentes tenemos del mundo hoy es distinta, yo diría que radicalmente distinta aunque no seamos conscientes de ello, de la que teníamos hace veinte años. Y eso no es solo porque el mundo haya cambiado, que es verdad. Lo que realmente ha cambiado es nuestro modo de percibir el mundo por que son distintos los instrumentos a través de los que nos adueñamos de la realidad. Y permitidme que os diga que nosotros somos unos recién llegados a la era digital, que nuestro cerebro ha sido organizado con determinados esquemas de interpretación del universo que ya están en trance de ser superados. Las generaciones que nos siguen tendrán un conocimiento virtual del mundo mucho antes de tener un conocimiento experimental. Muchas facetas de la realidad vivida, tal como las hemos vivido nosotros no las llegarán a sentir nunca. Estarán familiarizados con un medio que a nosotros se nos antoja frío y falso.

La realidad de los jóvenes de hoy es una realidad globalizada, hiperespacial e hipertemporal. Realidad vista a través (hoy) de una pantalla del ordenador en un flujo continuo, incesante de imágenes e informaciones que van desde lo cósmico a lo infinitesimal, que se acumulan, se excluyen y se eliminan.

Una realidad promiscua e indiferenciada: en la pantalla tienen la misma consistencia las representaciones de la realidad que las representaciones de la fantasía, se superponen se mezclan, se entrecruzan: el mismo concepto de lo real será distinto. Tan cierto es Picasso como su caballo del Guernica, tan real es Guernica como las imágenes digitales de El Señor de los Anillos.

Discriminar la verdad, lo verdadero, lo que tiene consistencia de lo que es falso es tarea difícil porque lo uno y lo otro circulan vertiginosamente por el ordenador

Ciertamente que este concepto no es antiguo. Ya decía Shakespeare que nosotros, los hombres, “estamos hechos de la misma sustancia que nuestros sueños”. Sueño y realidad pertenecían al mismo campo de experiencia. Al fin y al cabo, como también y tan bien dijo algunos años más tarde Calderón de la Barca, los humanos no dejamos de ser un sueño de un ente supremo que duerme, prestos a volatilizarnos en el momento que despierte.

La incertidumbre es la misma, pero el sentido que le daba la cultura tradicional y el que le damos en nuestra ciber-cultura, y como un apartado de ella, en nuestro ciber-arte, es radicalmente distinto.

Arte de fusión, de confusión, de collage. Arte que refleja la no linealidad de la nueva cultura, la percepción fragmentada, discontinua, cuya manifestación más cotidiana es el zapping. Del concepto del espacio y del tiempo extensivo del pasado, frente al intensivo de hoy: todo está comprimido, al alcance de la mano del dedo, del dígito.

Todo ello produce un arte virtual inconsistente, efímero en muchas de sus manifestaciones. Arte que encuentra muchas
reticencias para ser aceptado por la sociedad capitalista porque no sabe como explotarlo económicamente. Nuestro mundo está regido por las leyes del mercado y la calidad de un producto está en relación con el precio que adquiere en el mercado. ¿Pero como comercializar una obra que en muchas ocasiones no tiene permanencia en el tiempo?

No es el caso de la exposición que nos ha traído aquí. Las nuevas técnicas virtuales han quedado plasmadas sobre el lienzo tradicional. La obra de Víctor y Domi adquiere así permanencia en el tiempo, se le dota de perdurabilidad, pasa ala ámbito de lo real, lo que quiere decir que podemos contemplarla en una galería, colgarla en las paredes de nuestra casa…

He dicho que el arte, en cualquiera de sus manifestaciones, y sea cual sea la técnica utilizada, es, o pretende ser, una forma de conocimiento. Por eso enfrentarse a una obra artística, a los cuadros de la Factoría Plástica en este caso, es fundamentalmente un desafío intelectual.
En apariencia la realidad representada es sus cuadros es un reflejo de la cotidianidad. Los personajes, los objetos y los paisajes urbanos que los enmarcan reproducen el sustrato vital y cultural más conocido y reconocido de nuestro tiempo.

Sin embargo, una tras otra, todas las piezas de esta obra nos sorprenden, lo que resulta algo paradójico ya que acabo de decir que lo representado forma parte de nuestra experiencia diaria.

Es así porque la realidad no tiene sentido por sí misma, independiente del ojo que la mira. Es solo una posibilidad que actualizamos en cada mirada. El problema es que la rutina y la habitualidad fosilizan en la memoria el modo de percepción convirtiendo en arqueología el vivo devenir de las cosas.

Domi y V. Sáez nos ofrecen un mundo relativizado en el que el tiempo y el espacio, realidad y ficción, se funden en un continuo sin límites definidos. Desarticulada la lógica racional, cada obra es una transversalidad en la que un trasatlántico puede navegar por los canales de Venecia mientras desde lo alto de un edificio un hispánico toro impone su presencia sobre el albero celeste profundamente amarillo…

No es confusión. Cada uno de los elementos funciona como emblemas de nuestro tiempo, de realidades vivas aunque desaparecidas: no importa su época, son pasado pero son presente, por eso pueden estar amalgamadas sin que represente ninguna contradicción. Al contrario, contemplarlas reunidas ayuda a comprender de qué está formada nuestra consciencia.

Un proceso asociativo en el que la ambigüedad cobra carta de naturaleza, y por eso en la escalinata de un palacio napolitano pueden convivir Velásquez, Goya, Warhol y Picasso. O en las grandes avenidas de Sao Paulo los deshumanizados personajes picasianos tienen más contundencia en su policromía que los desdibujados personajes/personas (anónimos peatones de las transitadas calles) con los que alternan. ¿Será una metáfora de la perdurabilidad del arte frente a la fugacidad de lo humano?

Uno por uno podríamos ir desgranando todos los cuadros y en todos hallaríamos una propuesta para acceder a un redescubrimiento, a una visión distinta de lo que nos rodea a través de la mirada creadora de los artistas.

Cada uno de nosotros, según su propia experiencia vital, comprenderá de modo diverso esta indagación de la realidad que pretende desengañarnos, es decir, sacarnos del engaño en que nuestros sentidos adormecidos nos mantienen. Son chispazos que iluminan durante breves segundos nuestra inteligencia haciéndonos ver lo que no veíamos.

Espero que la contemplación de la exposición que ahora vamos a inaugurar les produzca ese placer.

Gracias.


5 comentarios:

Melba dijo...

Querido Víctor:

Muy, muy interesante exposición.Me ha encantado leerla.

Y ya que el tema del arte está sobre el tapete, te comunico que este año cursé y aprobé el primer año de la carrera de Artes Plásticas en la Escuela Nacional de Bellas Artes.

De salir todo bien, estaré concluyendo a los sesentiún años en 2012...Mientras, me divierto plenamente a pesar de batallar con el dibujo.

Cuando tenga las fotografías de los trabajos expuestos al final del año, las colocaré en el blog.

Salud♥s

.

fonsilleda dijo...

Me pasaré con tiempo, ya sabes, las obligaciones familiares y tal. Pero lo leeré
Deseo que estes disfrutando.

Carlos Bentabol dijo...

Tiene razón el orador en comentar que estamos en el inicio de una neva forma de hacer, ver y seguir el ARTE,al que se le llama por ahora digital; esta aún en pañales, vosotros unos pioneros, mucho ánimo y adelante.saludos para ti y Domi

fonsilleda dijo...

Ya está. Objetivo conseguido (el de leer claro). Interesante.
He de confesar que, de momento, no es algo que me llegue especialmente. Siempre digo que para mí el arte es cuestión de tripas y no me llega ahí. Lo que no significa que consiga acostumbrarme, e incluso que llegue a acostumbrarme y parecerme bello.
He pasado por vuestra página y, eso creo que merece comentario aparte. Pero volveré, no te quepa duda.

Caminante dijo...

Interesantisimo el artículo, gracias por compartirlo con todos nosotros. Lástima que no lo hubiese leído unos cuantos semestres anteriores cuando cursé una asignatura que precisamente versaba sobre el arte digital...