5.12.08

Ángel González: Canción de amiga


En el año 2001, en un programa de radio que habitualmente escuchaba de vuelta del trabajo a casa, hablaron de un poeta para mi desconocido hasta entonces. Ese poeta se llamaba Ángel González, y tras nueve años de silencio, acababa de publicar un nuevo libro de poemas titulado "Otoños y otras luces". Lo publicó Tusquets en su colección Nuevos textos sagrados.

De ese libro, que al día siguiente por la noche reposaba ya en mi biblioteca, leído y apreciado, me gustó particularmente un hermoso, triste, melancólico y tierno poema que, por su sencillez, su claridad, su certeza, su armonia, considero de lo mejor que he leído.

Dice así:

Nadie recuerda un invierno tan frío como éste.
Las ramas de los árboles están envueltas en fundas de hielo.
Las estrellas tan altas son destellos de hielo.

Helado está también mi corazón,
pero no fue el invierno.
Mi amiga,
mi dulce amiga,
aquella que me amaba,
me dice que ha dejado de quererme.

No recuerdo un invierno tan frío como éste.
.
.

2 comentarios:

Melba dijo...

Conozo -y me gustan- muchos de los poemas de Ángel González. No me enteré en su momento de su muerte en enero de este año.


ESTO NO ES NADA

Si tuviésemos la fuerza suficiente
para apretar como es debido un trozo de madera,
sólo nos quedaría entre las manos
un poco de tierra.
Y si tuviésemos más fuerza todavía
para presionar con toda la dureza
esa tierra, sólo nos quedaría
entre las manos un poco de agua.
Y si fuese posible aún
oprimir el agua,
ya no nos quedaría entre las manos
nada.

Salud♥s

fonsilleda dijo...

Preciosa entrada y poema. Pego otro que tengo de él en mi blog. Espero que no te importe, pero sobre todo que te guste. BOSQUE

Cruzas por el crepúsculo.
El aire
tienes que separarlo casi con las manos
de tan denso, de tan impenetrable.
Andas. No dejan huellas
tus pies. Cientos de árboles
contienen el aliento sobre tu
cabeza. Un pájaro no sabe
que estás allí, y lanza su silbido
largo al otro lado del paisaje.
El mundo cambia de color: es como el eco
del mundo. Eco distante
que tú estremeces, traspasando
las últimas fronteras de la tarde.